Le cargas el conocimiento de tu inmobiliaria, le defines qué puede hacer y hasta dónde, y trabaja adentro de tus procesos. Tu equipo deja de ejecutar y pasa a supervisar.
Qué sabe, qué puede hacer y cómo se comporta. Las tres se editan sin escribir código.
Le cargas los documentos, las preguntas frecuentes y los escenarios de tu inmobiliaria. Responde con eso, no con lo que se imagine.
Habilidades y herramientas: consultar el inventario, agendar una visita, mirar un pago, crear el requerimiento. Tú eliges cuáles quedan activas.
Pautas de respuesta y protecciones. Cómo saluda, qué no debe decir y en qué momento pasa la conversación a una persona.
Livia habla con tus clientes, así que lo primero que se configura es hasta dónde llega.
Escribes lo que el agente no puede hacer ni afirmar. Si la conversación llega ahí, se detiene y avisa.
Defines cuándo entrega la conversación a un asesor. El asesor la recibe con todo el contexto leído.
Cada agente tiene su sala de pruebas: le escribes como si fueras el cliente y ves qué contesta antes de soltarlo.
No es una herramienta más encima de las que tienes: es el trabajo que hoy hace alguien a mano.
Nos cuentas cómo arriendas y cobras hoy, y te mostramos cómo quedaría con tus propios inmuebles. Treinta minutos, sin compromiso.